Con el objetivo de garantizar una convivencia digital segura en el sistema educativo provincial y a fortalecer la prevención y el abordaje integral de las violencias digitales, la Legislatura bonaerense sancionó en octubre de 2026 la denominada Ley Ema.
La norma lleva el nombre de Ema Bondaruk, una adolescente cuya historia impulsó la necesidad de generar herramientas institucionales frente a la difusión no consentida de imágenes íntimas y otras formas de violencia en entornos virtuales.
Entre sus ejes se encuentran la promoción de la ciudadanía digital, el respeto por la intimidad y la privacidad, la prevención del ciberacoso, el abordaje de la difusión no consentida de imágenes y la formación de las comunidades educativas para reconocer e intervenir ante estas situaciones.
La Ley Ema constituye una oportunidad para reforzar una idea fundamental: lo que sucede en internet también tiene consecuencias en la vida real. Las acciones realizadas detrás de una pantalla pueden afectar profundamente la dignidad, la autoestima, los vínculos y la salud emocional de quienes las atraviesan.
Desde una perspectiva de derechos, la prevención de estas violencias no puede recaer exclusivamente en niñas, niños y adolescentes. Requiere el compromiso de las familias, las instituciones educativas, los organismos públicos, las plataformas digitales y la sociedad en su conjunto.
¿Cómo promover el bienestar digital?
Construir entornos virtuales más seguros comienza con pequeñas acciones cotidianas que ayudan a prevenir situaciones de riesgo y fortalecer una convivencia basada en el respeto.
Pensar antes de publicar o compartir
Una foto, un video, un comentario o una captura de pantalla pueden tener consecuencias que van más allá de lo que imaginamos. Antes de compartir contenido, es importante preguntarnos si respeta la intimidad, la dignidad y los derechos de otras personas.
Respetar el consentimiento y la privacidad
Nadie tiene derecho a difundir imágenes, conversaciones o información personal de otra persona sin su autorización. El consentimiento importa también en los entornos digitales y puede retirarse. Haber compartido una imagen en privado no habilita a otras personas a divulgarla.
Reconocer y no naturalizar las violencias digitales
Las burlas reiteradas o sistemáticas, las amenazas, la suplantación de identidad, la difusión de rumores, el hostigamiento y la publicación de imágenes íntimas sin consentimiento no son simples bromas. Identificar estas conductas es un primer paso para prevenirlas y detenerlas.
Cuidar los datos personales y las cuentas
Es recomendable utilizar contraseñas seguras, activar la verificación en dos pasos, revisar la configuración de privacidad y evitar compartir datos que permitan identificar la ubicación, las rutinas o la información personal propia y de otras personas.
Desarrollar una mirada crítica frente a los contenidos
No todo lo que circula en internet es verdadero ni toda interacción es confiable. Es importante verificar la información, reconocer posibles engaños y prestar atención a los contactos de personas desconocidas que buscan generar confianza, obtener datos personales o solicitar imágenes.
Usar la tecnología sin descuidar otras dimensiones de la vida
El descanso, el sueño, el movimiento, las pausas conscientes, las actividades recreativas y los encuentros presenciales también forman parte del bienestar. Establecer momentos de desconexión, especialmente antes de dormir, puede favorecer un vínculo más equilibrado con los dispositivos.
Pedir ayuda y acompañar sin juzgar
Si una niña, un niño o un adolescente atraviesa una situación de violencia digital, necesita ser escuchado, tomado en serio y acompañado. La respuesta adulta debe evitar la culpabilización, las amenazas y los castigos que puedan desalentar la búsqueda de ayuda.
¿Qué hacer frente a una situación de violencia digital?
Cuando una persona recibe amenazas, sufre hostigamiento o descubre que se difundieron imágenes o información personal sin su consentimiento, es importante actuar con calma y buscar acompañamiento.
-Escuchar y contener: ofrecer un espacio de confianza, sin responsabilizar a quien sufrió la agresión.
-No contribuir a la difusión: evitar reenviar, publicar o comentar el material que causa daño.
-Preservar la evidencia: guardar, cuando sea posible y de manera segura, enlaces, capturas, fechas y datos relevantes. Si se trata de material íntimo de una persona menor de edad, no descargarlo ni redistribuirlo.
-Solicitar ayuda: acudir a una persona adulta de confianza y, cuando corresponda, a la institución educativa y a los organismos competentes.
-Reportar el contenido: utilizar las herramientas de denuncia de la plataforma y solicitar la revisión o eliminación del material, sin que esto sustituya otras medidas de protección necesarias.
Promover el bienestar digital no significa prohibir la tecnología ni desconocer su importancia en la vida contemporánea. Significa construir las condiciones para que todas las personas, especialmente niñas, niños y adolescentes, puedan participar de los entornos virtuales con libertad, seguridad, autonomía y respeto.
La educación digital, el diálogo entre generaciones y la intervención oportuna de las instituciones son herramientas fundamentales para prevenir las violencias y fortalecer una ciudadanía digital responsable.
Desde la Defensoría entendemos que promover derechos también implica contribuir a que los espacios digitales sean entornos de participación, aprendizaje y encuentro, libres de violencias y discriminación. Cuidar en el mundo digital es también cuidar la dignidad, la intimidad y el bienestar de las personas, porque los derechos que nos protegen en la vida cotidiana también deben ser respetados en internet.