Día Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras: por el reconocimiento de las tareas de cuidado

En Argentina, las brechas de género en el mercado de trabajo son visibles. En 2025, la tasa de actividad de las mujeres fue de 52,4%, frente al 70,0% de los varones, y la tasa de empleo alcanzó 48,2% en mujeres y 65,0% en varones.

Pensar el trabajo con perspectiva de género implica mirar no solo el empleo, sino también la desigual distribución del cuidado y sus efectos sobre la autonomía económica de las mujeres.

Cuando se analiza el mercado de trabajo con perspectiva de género, la desigualdad no se manifiesta únicamente en la falta de empleo. Se configura previamente: en las posibilidades de participación en el mercado laboral, en las condiciones de acceso y en la distribución social de las responsabilidades de cuidado. En este sentido, el análisis no se limita a distinguir entre ocupación y desocupación, sino que requiere considerar qué trayectorias resultan más accesibles, cuáles presentan mayor nivel de precariedad y qué barreras afectan de manera diferencial a mujeres y varones.

Las expresiones más visibles de esta desigualdad son:

- Menor acceso al empleo: Cuando las mujeres buscan trabajo encuentran mayores barreras. La tasa de empleo también mostró una diferencia marcada: 48,2% para las mujeres y 65,0% para los varones.

- Menor participación laboral: Las mujeres no sólo acceden menos al empleo, sino que además participan en menor medida del mercado de trabajo en los términos reconocidos por la EPH. En el cuarto trimestre de 2025, la tasa de actividad de las mujeres fue de 52,4%, mientras que la de los varones alcanzó 70,0%. La desigualdad, por lo tanto, no empieza en la desocupación, sino en las condiciones previas de acceso y permanencia en la actividad económica.

- Alta informalidad: Las mujeres presentan tasas de empleo no registrado superiores a las de los varones, alcanzando cerca del 44,5%.

- Brecha salarial: Las mujeres además perciben, en promedio, un 29% de ingresos menos que los varones.

- Trabajo no remunerado: Estas disparidades están asociadas a la distribución desigual de las tareas de cuidado y domésticas. Las mujeres dedican más del doble de tiempo diario en relación a los varones. Esta doble jornada obstaculiza su inserción plena en el mercado laboral.

A su vez, cabe mencionar que estas desigualdades no reflejan un problema concentrado únicamente en el ingreso inicial al mercado. Entre los 30 y 64 años, la tasa de actividad femenina fue de 71,3%, frente a 92,0% en varones; la tasa de empleo de las mujeres alcanzó 67,6%, mientras que la masculina llegó a 87,9%; y la desocupación se ubicó en 5,3% para mujeres y 4,5% para varones. Es decir, incluso en edades más avanzadas y con trayectorias laborales más extendidas, las mujeres continúan enfrentando menores oportunidades de inserción efectiva y mayores obstáculos relativos para acceder al empleo. La desigualdad, entonces, acompaña de manera persistente el recorrido laboral femenino.

Estas trayectorias laborales más intermitentes y con menor nivel de formalización tienen efectos acumulativos a lo largo de la vida de las mujeres, particularmente en el acceso a la seguridad social. En Argentina, sólo una proporción reducida de mujeres logra acceder a una jubilación contributiva: de acuerdo con datos de ANSES, apenas 1 de cada 10 mujeres próximas a la edad jubilatoria alcanza ese requisito. En este contexto, las moratorias previsionales se han constituido en un mecanismo central: alrededor del 73% de las mujeres jubiladas accedieron a través de estos regímenes.

Sin embargo, el vencimiento de la última moratoria previsional implicó el fin de una política pública clave de inclusión previsional, excluyendo a muchas mujeres que, durante años, realizaron tareas domésticas y de cuidados no remuneradas. Estas actividades, no reconocidas dentro de los mecanismos contributivos tradicionales, son fundamentales para la reproducción social y el sostenimiento del sistema económico y, según estimaciones oficiales, representan el 16% del PBI. Así, la persistente invisibilización de estos trabajos pone de relieve, una vez más, lo que los estudios de género han sintetizado en consigna ampliamente difundida: “eso que llaman amor es trabajo no pago”.

De este modo, si bien estas políticas han permitido ampliar la cobertura previsional, evidencia el carácter estructural de las desigualdades en el mercado de trabajo. Las dificultades de acceso y permanencia en empleos formales no sólo condicionan las trayectorias laborales, sino que se proyectan en la vejez, definiendo las modalidades de acceso a la protección social y reproduciendo brechas en los ingresos previsionales.

En conjunto, estas evidencias permiten sostener que la desigualdad de género en el mercado de trabajo presenta un carácter estructural, persistente y multidimensional. Los datos muestran que el acceso al trabajo, su estabilidad y su calidad se organizan de forma desigual. Esta configuración no responde a variaciones circunstanciales, sino que expresa relaciones sociales que, de forma histórica, producen y reproducen una distribución asimétrica de los tiempos, los recursos y las oportunidades.

En este marco, la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires continúa desarrollando distintas acciones orientadas a visibilizar y problematizar estas desigualdades, así como promover herramientas para su abordaje. Entre ellas, se destaca el Curso de Sensibilización y Capacitación sobre Violencia Laboral que incorpora, junto con otros contenidos, datos y conceptos de la economía feminista, contribuyendo a comprender estas dimensiones y a fortalecer intervenciones más integrales en el ámbito del trabajo.

Para más información sobre este Curso, ingresá a: https://www.defensorba.org.ar/pdfs/programa-curso-violencia-laboral-2024.pdf